Detrás de cada tecnología, política pública y avance social que definirá la próxima década, se encuentra el quehacer de la investigación científica básica y de frontera. Hoy, la comunidad científica en México enfrenta un problema que pone en riesgo su funcionamiento: un modelo de evaluación simplista en el que:
Se pasan por alto las diferencias intrínsecas de las distintas áreas del conocimiento.
Se reduce la complejidad de los procesos de generación de conocimiento a la publicación de artículos científicos.
Se oculta la diversidad de formas en las que los proyectos de investigación inciden en la sociedad.
Este modelo ha llevado a la comunidad científica a preocuparse más por la cantidad de publicaciones que por su calidad (la encrucijada del “publica o perece”) y ha levantado cuestionamientos sobre la legitimidad de la inversión pública en desarrollo científico por parte de los tomadores de decisiones y la ciudadanía. Frente a este escenario, la misión de mi proyecto como Investigadora por México (IXM) en la Dirección de Investigación Científica Básica y de Frontera de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (DICByF-Secihti) es coadyuvar en el diseño de herramientas que conlleven a un mejor desempeño de los proyectos de investigación financiados con recursos públicos. Por ello, uno de los objetivos de mi proyecto es la creación de métricas novedosas capaces de visibilizar la vinculación existente entre el desarrollo de los proyectos de investigación y los intereses nacionales.
El diseño de estas métricas toma como base las demandas de los movimientos internacionales de mayor peso en los últimos años: la Declaración de San Francisco sobre la Evaluación de la Investigación (DORA) y el Manifiesto de Leiden. En estos se postula que el valor de la ciencia debe sustentarse en el consenso de quienes la generan y la operan, equilibrando el rigor cuantitativo con el sentido cualitativo. Por ello, las métricas toman en consideración las necesidades y contextos tanto de la DICByF-Secihti (instancia que evalúa) como de las personas investigadoras (quienes son evaluados).
Para lograr su objetivo, estas métricas traducen el desarrollo de un proyecto de investigación en “unidades de valor”, obtenidas a través de la colección de variables cuantitativas a las que se les asigna un valor cualitativo (puntos de valor). Este puntaje es determinado por la propia comunidad científica mexicana a través de su participación en la Encuesta sobre el valor de los proyectos de investigación en México. Este instrumento busca recolectar la voz de todas las personas que realizan investigación en México de forma profesional para determinar el “valor” de las actividades y productos resultantes del desarrollo de los proyectos de investigación (por ejemplo: publicación de artículos científicos, ponencias en congresos, asesoramiento de estudiantes, participación en eventos de divulgación, entre otros). La encuesta permite identificar si el valor de estas actividades y productos depende del contexto de la investigación (área de conocimiento o lugar donde se realiza) o de quien la realiza (género o perfil profesional). Con ello, se logran contextualizar las métricas a las distintas realidades de las personas investigadoras que conforman la comunidad académica mexicana.
La eficacia de estas métricas depende enteramente del compromiso de nuestra comunidad académica. Al registrarte como investigador activo en México y participar en la encuesta y las entrevistas posteriores, aportas los datos duros necesarios para identificar asimetrías de género, trayectoria y territorio (descentralizando la evaluación frente a la CDMX) para así proponer ponderaciones justas que impulsen el avance de la comunidad completa. Omitir nuestra participación como personas científicas significa perpetuar un sistema que reduce la ciencia a un costo operativo; responder activamente es el inicio de la transformación hacia un sistema de evaluación de la ciencia adecuado para México y la construcción de argumentos definitivos para que la inversión científica se vuelva una prioridad política indiscutible.
El conocimiento es una construcción social cuyo valor está dado por el consenso de las personas que lo generan y lo utilizan.
— Thomas Kuhn
*Este texto fue redactado con la ayuda de Gemini AI, y el autor realizó la edición y verificación de datos.
Soy Investigadora por México (modalidad 2) adscrita a la Dirección de Investigación Científica Básica y de Frontera (DICByF) de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti). Como IXM lidero el proyecto de investigación social No. 3738 titulado "Ciencia de Frontera en México: Estudio académico, financiero y de impacto social" y participo en actividades administrativas vinculadas a los procesos de la dirección. Asimismo, colaboro con las áreas de Divulgación Comunitaria y de Comunicación de la Secihti.